Es mucho lo que se ha escrito sobre Mies van der Rohe, pero después de visitar Barcelona, no puedo dejar pasar esta ocasión para incluir en mi blog algunos apuntes sobre el pabellón que diseñó con motivo de la Exposición Internacional de 1929 por encargo del gobierno alemán.
Este pequeño pabellón fue escenario de la inauguración oficial de la Exposición Universal de 1929 por la pareja real Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia. Fue mucho más que un simple edificio representativo, ya que por su elegancia y luminosidad se convirtió en pionero de la arquitectura moderna racionalista.
Unos meses después de su construcción fue desmontado, y durante décadas tan solo se conocía por fotografías en blanco y negro. Su reconstrucción, con motivo del centenario del nacimiento del maestro alemán, permitió comprobar el grado de complejidad espacial que se había conseguido en unos cuantos metros cuadrados.
Libre de exigencias funcionales, Mies van der Rohe diseñó una de las obras que mas influencia ha tenido en el posterior desarrollo de la arquitectura. Este edificio alargado de cubierta plana cuenta con una amplia terraza de travertino y un estanque bajo que le separaba de la calle. Utilizó una estructura de pequeños pilares metálicos cruciformes que liberaban el área de la planta consiguiendo un espacio continuo y fluido organizado por lujosas paredes de ónice, mármol y cristales, en tonos dorado, miel y verde.
Aquí es donde Mies manifestó su autentica genialidad, materializando un nuevo concepto espacial con el que llevaba experimentando en dibujos y maquetas durante algunos años. Su enorme simplicidad y la continuidad de los espacios, que parecen no tener principio ni fin, son sus cualidades más admiradas.
Os dejo unas fotografías de este elegante y sobrio pabellón, donde Mies muestra su pasión por la belleza, y que es motivo de mi admiración.





